EL PARLAMENTEATRO DE REVISTA ARGENTINO

El desembarco de nuevos diputados de La Libertad Avanza en el escenario político argentino hace poco más de un mes, nos hace preguntarnos: qué se le exige hoy a la dirigencia política y cómo se evalúa su legitimidad.

Entre las figuras que generan discusión aparecen nombres como Virginia Gallardo, Reijard, un influencer espiritual y Tronco, perfiles ajenos a la política tradicional que despiertan críticas centradas en sus trayectorias personales, lo que proponemos en está ocasión es correrse de esa mirada moralizante y replantear esta cuestión en términos estrictamente políticos.

La crítica a la “moralina” en la política

La “moralina”, entendida como la tendencia a evaluar a los dirigentes por sus profesiones previas, su vida personal o su recorrido fuera del sistema político debe dejarse de lado porque lo verdaderamente relevante no es lo que los políticos fueron o hicieron antes, sino las políticas públicas que impulsan y defienden de cara a la sociedad.

Este cuestionamiento a está moralina no apunta a justificar trayectorias controversiales, sino a advertir que el debate público pierde profundidad cuando se reduce a la descalificación moral, dejando de lado el análisis de fondo sobre proyectos económicos, sociales y políticos.

Ante este escenario ¿que pasa con el peronismo en Santa Fe?

La discusión en el programa «La Jaboneria de vieytes» se traslada luego al estado actual del peronismo en Santa Fe, donde se plantea la necesidad urgente de un replanteo integral. Aparece con fuerza la idea de que el justicialismo atraviesa una crisis de liderazgo, sin referencias claras ni conducción definida.

La lógica de esconder candidatos, de evitar dar discusiones internas y de recurrir a “figuritas” importadas de otros espacios políticos en lugar de fortalecer cuadros propios fue un golpe sensible en la interna y en las apreciaciones de la militancia más tradicional.

La metáfora del “tren fantasma” sintetiza la percepción de un peronismo anclado en lógicas del pasado, recorriendo una estructura que ya no interpela a las mayorías. El diagnóstico es claro: ese período histórico está cerrado.

Lejos de una visión derrotista, el planteo apuesta a la renovación, a la necesidad de “plantar otra semilla” que permita que vuelvan a surgir “brotes verdes” dentro del movimiento. Esto implica abrir paso a nuevos cuadros políticos, con formación, territorialidad y capacidad de construir representación real.

Mirando a 2027: volver a gobernar

De cara al futuro, se expresa confianza en que el peronismo podrá reorganizarse y llegar competitivo a las elecciones de 2027. El objetivo no es menor: que el Partido Justicialista vuelva a ocupar los lugares para los que fue creado, es decir, gobernar, y no quedar relegado como actor secundario dentro de alianzas circunstanciales o espacios políticos emergentes.

Sin renovación, sin liderazgo claro y sin discusión política de fondo, no hay reconstrucción posible. Pero con autocrítica y apertura, el peronismo es una fuerza central en la política argentina y merece que sus dirigentes estén a la altura.

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