Doña Patricia y sus dos internas

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Doña Patricia y sus dos internas


La posición de Bullrich en el actual gobierno de Javier Milei es particular: aunque funcionaria de alto rango, gracias a su probada capacidad electoral (incluso en una mala elección como la General de 2023, cosechó un 25% de votos efectivos), una agenda propia que la tiene como figura insoslayable (seguridad) y contactos propios con grupos de poder, la ex ministra de Seguridad ostenta la capacidad para no responder directamente a ninguna de las terminales internas de la Libertad Avanza, gracias a lo cual cuenta con margen de acción para el ejercicio del poder mucho más amplio que el resto de sus pares. Sobre esta base, Bullrich construye con libertad y autonomía una estrategia propia de cara a 2027, construcción que parece haberse acelerado con el escándalo sobre enriquecimiento del (ex) Vocero y Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, traccionado además por la sostenida caída en imagen pública de Javier Milei y su gestión consecuencia del agotamiento del modelo económico.

Esta situación no sorprende: de las muchas virtudes políticas que ostenta Patricia Bullrich tal vez la más conocida sea su capacidad para percibir la caída de un proyecto político y ensayar una retirada de emergencia, en lo posible hacia una fuerza en ascenso. De hecho su llegada al gobierno de Milei se da luego de la debacle electoral de su candidatura presidencial en 2023, cerrando un acuerdo con el libertario para el ballotage y luego su paso a LLA. Por esa razón, no sorprende un nuevo proceso de desmarque en busca de una mejor posición de poder, siempre con el objetivo de construir una estructura que le permita construir un proyecto presidencial para 2027.

Al respecto, las elecciones presidenciales de 2027 marcan un momento liminal para la carrera de Patricia Bullrich, ya que a sus 70 años y con el rápido recambio político de los últimos años, sus oportunidades de acceder a la máxima magistratura comienzan a reducirse. Por esa razón es que en el último tiempo inicio diversos diálogos con representantes de los poderes económicos y políticos, desde Paolo Rocca hasta Mauricio Macri, presentándose como alternativa ante un eventual fracaso del proyecto reelectoral de Milei. Sin embargo esta búsqueda la ha llevado a enfrentar dos internas políticas al mismo tiempo, en una situación coherente con su sinuoso camino político: la interna desatada al interior del gobierno que integra y la interna del partido del cual fue presidenta y candidata presidencial, el PRO.

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Respecto a la primera, Bullrich no puede escapar a los efectos de la interna que hoy sacude a LLA entre los sectores de Karina Milei y Santiago Caputo, quienes luchan por definir las líneas generales del gobierno y, especialmente, el reparto de las cajas y las diversas licitaciones del estado nacional. Esta interna no solo afecta a Bullrich en su rol de funcionaria de alto rango, sino que además la incluye desde el momento en que sus críticas hacia Manuel Adorni (alejándose de la orden oficial de sostenerlo) y sus contactos con sectores del poder económico como forma de transformarse en frente en una alternativa ante la caída de Javier Milei. Al respecto, quien primero la puso bajo vigilancia fue la mismísima Karina Milei, que primero le marcó un límite simbólico excluyéndola del Tedeum y luego comenzó a aplicar presión sobre sus actuaciones como presidente del bloque libertario en la Cámara de Senadores.

Por su parte, para hablar de la segunda interna es necesario un poco de contexto.

Luego de dos años diluido políticamente al interior de LLA y en una decisión que no escapa a la situación de crisis que atraviesa el gobierno, Mauricio Macri inició un proceso de renovación (reconstrucción en realidad) del PRO tendiente a reconstruir la musculatura política del partido. De esta forma, Macri busca aprovechar el progresivo deterioro de la imagen presidencial y de gobierno para atraer a los electorados desencantados y huérfanos que se alejan de la narrativa oficial. Sin embargo, este esfuerzo por reestructurar y reencauzar el partido choca con la posición de algunos dirigentes que buscan aumentar la cercanía del PRO con él como Diego Santilli (flamante Jefe de Gabinete), Damián Arabia y Rogelio Frigerio. Estos últimos se mueven en un espectro que va desde la alineación total al proyecto libertario y la búsqueda de acuerdos que no son otra cosa que una claudicación.

En tal sentido, aunque Patricia Bullrich no forma ya parte del PRO, aún mantiene terminales importantes al interior del partido para usarlo como plataforma partidaria, gracias a su fuerza parlamentaria, el control efectivo de tres provincias (Neuquén, Entre Ríos y la Ciudad de Buenos Aires), una participación importante en las coaliciones electorales de otras tantas (Santa Fe, Mendoza, San Luis, Corrientes, entre otras) y una nada despreciable red de municipios y pueblos a lo largo del país, lo que ofrece un armado territorial con el músculo suficiente para encarar una aventura nacional. Incluso se han informado contactos con Mauricio Macri en ese sentido. No obstante, el problema radica en que para aprovechar esta estructura estará obligada a plantar posición dentro de un partido debilitado y dividido, presentándose como la prenda de unión que asegure un triunfo electoral.

En este estado de cosas la posición de Patricia Bullrich es compleja. Por un lado, forma parte del dispositivo de gobierno, lo que le da acceso a resortes del poder muy beneficiosos en términos de exposición y control de recursos económicos y fiscales para construir una estructura político-partidaria que le permita disputar las elecciones. Por el otro, se encuentra cercada a ambos lados por su misma participación en esa estructura de gobierno, ya que en caso de buscar competir en las elecciones presidenciales, no solo deberá hacerlo contra su ahora jefe político sino también contra parte del partido que puede servirle de plataforma, debiendo en tal sentido imponerse como la candidata posible de dos partidos atravesados por internas.

Lo que subsiste detrás de esta doble interna es la lucha por la representación de un amplio sector del electorado: aquel que puede llegar a ser activado por la posibilidad de que el peronismo vuelva a gobernar. Asumiendo la veracidad de un escenario de tercios (esto es, un tercio peronista, un tercio prescindente y oscilante, y un tercio antiperonista), presentarse como aquel candidato que cuenta con capacidad para vencer al peronismo en un eventual escenario electoral significa un aliciente importante para un sector que es capaz poner en un segundo lugar sus resistencias frente a un candidato, siempre y cuando este asegure su victoria contra el PJ.

Patricia Bullrich es consciente de este escenario ya que en 2023, cuando la debacle del gobierno de Alberto Fernández se llevaba puesto al Frente de Todos, todos los análisis políticos y las encuestas descontaban un triunfo de la coalición de Juntos Por El Cambio (JxC) en las elecciones, con Bullrich a la cabeza. Sin embargo, la pésima campaña electoral y la sorprendente cosecha de votos de Milei, llevó a que la coalición apenas alcanzara el segundo lugar en las elecciones primarias, quedando por detrás de LLA. Ante esto, una parte del electorado, aquella más refractaria al peronismo, comenzó a dudar sobre la capacidad de Patricia Bullrich para vencer al FDT en las elecciones, lo que conllevo a una transición de los votos desde su electorado hacia las candidaturas de Javier Milei y Juan Schiaretti. El resultado final sería que JxC en general y Patricia Bullrich en particular quedaran en tercer lugar en las generales, fuera del ballotage, obligados a tejer una alianza con La Libertad Avanza para sostenerse en el poder.

En definitiva, el objetivo de construir una opción presidencial para 2027 exige resolver como estructurar una posición política que pueda colarse en la conversación electoral y, eventualmente, transformarse en la opción más viable si una parte importante del electorado decide cambiar de rumbo. En la actualidad, el centro de la posición antiperonista lo ocupa Javier Milei, no solo por ser el Presidente de la Nación sino por ser el dueño de una narrativa que aún puede activar amplios sectores del electorado antiperonista, atomizado en una diversidad de fuerzas políticas. No obstante, la espiralización de la crisis social, una narrativa oficial que acumula violencia simbólica y económica contra sectores desfavorecidos y la ausencia de resultados económicos, parecen complicar los planes reelectorales de Milei.

Ante esto, la única opción viable para aquellos que busquen suceder al libertario radica en apostar a un agotamiento del modelo actual para presentarse como opción superadora ante los fantasmas de cierto sector del electoral por una victoria del peronismo. Es en esa incertidumbre la que alumbra la aparición de sectores que se presentan como “reformadores de lo malo y continuadores de lo bueno”, pero principalmente como la barrera de contención ante un abismo peronista que, hoy por hoy, parece incapaz de devorar a alguien. El problema al que se enfrenta Patricia Bullrich es como construir poder desde una posición política tan disgregada.

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