En un país donde el asado es sagrado y la carne argentina es motivo de orgullo nacional, una noticia escalofriante ha comenzado a circular desde las entrañas de la Patagonia. La crisis económica ya no solo se siente en el bolsillo, sino que ahora pretende cambiar radicalmente lo que ponemos en el plato. En la provincia de Chubut, un polémico proyecto ha encendido las alarmas: ante las politicas de este gobierno que intencionalmente encarecieron los precios de la carne vacuna, a la que funcionarios nacionales han dejado claro que debe ser un «lujo» y no lo cotidiano para los argentinos, ha comenzado la comercialización de carne de burro como la «solución» definitiva para bajar el costo de vida.
Este experimento, que para muchos es un síntoma de decadencia, nace de la mano de un productor que, acorralado por el clima y la falta de rentabilidad del ganado ovino, decidió que era hora de faenar asnos. Pero lo que parece una movida desesperada de un comerciante es, en realidad, el reflejo de una inflación que no da tregua. Mientras el kilo de carne vacuna en el sur alcanza cifras astronómicas arriba de los veintiseis mil pesos, la oferta de carne de burro aparece como un paliativo casi humillante para una sociedad que cada día pierde más poder adquisitivo.
¿RETROCESO HISTÓRICO O LIBERTAD DE MERCADO?
El video es tajante en su análisis: esto no es una novedad, es un viaje al pasado. Durante el siglo diecisiete y dieciocho, el consumo de burros y mulas era moneda corriente entre los sectores más pobres y los pueblos originarios. Fue recién con la llegada de las razas británicas que el país alcanzó un estándar de seguridad alimentaria de élite. Sin embargo, en pleno siglo veintiuno, los promotores de la libertad avanza parecen querer «agarrar el guante» y militar este consumo, olvidando que obligar a un pueblo a bajar su estándar de dieta es la prueba más clara de una política económica fallida.
La crítica no se queda solo en el plato. Se compara esta situación con los nefastos «pollos de Mazzorín» de la época de Alfonsín, recordándonos que cuando el Estado o el mercado intentan parchar la producción ganadera con alternativas de dudosa aceptación, el resultado suele ser el escándalo y el deterioro de la calidad de vida. ¿Estamos realmente ante una «nueva oportunidad» o nos están preparando para aceptar la miseria como algo natural?
EL NEGOCIO DETRÁS DEL HAMBRE Y EL TRANSPORTE
En este contexto hay que prestar atención tambien al costo logístico. No es casualidad que la carne sea incomprable en el sur. El desmantelamiento de los ferrocarriles en la década del noventa, para favorecer el negocio de los peajes y los camiones de los Macri y los Moyano, ha destruido la autonomía alimentaria de las provincias. Argentina produce, pero el transporte mata cualquier precio razonable.
Resulta irónico y doloroso que, siendo un país con recursos naturales infinitos, se nos hable de «cortar la nafta» con bioetanol o comer burro para abaratar costos, mientras se mantienen esquemas impositivos que asfixian al consumidor. La soberanía alimentaria está en jaque cuando la única forma de que los números cierren es reemplazando la proteína de calidad por opciones que hace un siglo habíamos dejado atrás.
LA TRAMPA DE LOS PRECIOS INTERNACIONALES
Por qué los argentinos debemos pagar precios internacionales por productos que se producen en nuestro suelo. La comparación con los combustibles es directa: se libera el precio para favorecer a las petroleras y luego se busca «abaratar» la mezcla con productos secundarios. Lo mismo sucede con la comida; se permite que el precio de la carne vuele por las nubes y luego se presenta la carne de burro como una alternativa «innovadora».
A todo esto, nos enteramos que desde la administración de Trump festejan el importar carne Argentina para que ningún estadounidense se quede sin carne, mientras que para el país que lo produce el panorama parece diametralmente opuesto.
En chubut hablan de una cuestión climatica, lo cuál sería un argumento valido para este experimento, ahora bien la militancia de la carne de burro desde los sectores de la libertad avanza es se nota y mucho.
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