El Estadio Brigadier General Estanislao López, conocido mundialmente como el Cementerio de los Elefantes, fue testigo de un encuentro vibrante donde la estrategia y el coraje se pusieron a prueba. En el marco de la Fecha Once de la Zona A de la Primera Nacional, el conjunto santafesino recibió al Tomba mendocino en una noche que prometía emociones fuertes y un despliegue de fútbol argentino con mucha pierna fuerte.
Desde las primeras horas de la tarde, el color rojo y negro inundó las calles de Santa Fe. La parcialidad local brindó un recibimiento a la altura de las circunstancias, consciente de que los tres puntos eran vitales para recuperar el liderazgo absoluto. El equipo dirigido por Iván Medrán llegaba con la presión de obtener un triunfo tras la victoria previa de su competidor directo, pero se encontró con un rival ordenado que supo explotar las falencias defensivas iniciales del local.
El inicio del encuentro mostró una paridad notable. Por el lado de Godoy Cruz, la movilidad constante de sus mediocampistas buscaba romper el cerco impuesto por los centrales locales. Sin embargo, la solidez de la dupla conformada por Rasmussen y el capitán Barrios evitaba que las aproximaciones del conjunto visitante se transformaran en peligro real. La disputa por la posesión del balón fue feroz en el círculo central, donde cada pelota se luchaba como si fuera la última.
Una expulsión bajo la lupa
En el fútbol, los errores ocurren, pero hay fallas que resultan difíciles de digerir. La forma en que el delantero local se hizo echar, dejando a su equipo con diez hombres antes de que terminara la primera parte, no fue vista simplemente como un error de cálculo. En las gradas y, sobre todo, en el mundo digital de las redes sociales, la palabra intencionalidad empezó a circular con la misma velocidad que la pelota.
Lo que más ruido hizo entre los seguidores del equipo de Santa Fe fueron las suspicacias que rodean hoy al fútbol moderno. No es secreto para nadie que la sombra de las apuestas deportivas sobrevuela cada vez con más fuerza las categorías del ascenso. El hincha, que conoce el paño y vive el día a día del club, no tardó en vincular la extraña actitud del jugador con posibles beneficios externos. ¿Fue un exceso de revoluciones o hubo algo más detrás de esas dos amarillas tan evitables? Es lo que se preguntaban los espectadores y la prensa (fuera de los microfonos) en la tribuna. Lo cierto es que fueron dos jugadas por lo menos inocentes que, como declararía el tecnico mas tarde, condicionó el desarrollo del partido.
Durante el segundo tiempo, la figura de Ignacio Lago creció exponencialmente. El número diez se cargó la conducción del equipo al hombro, generando jugadas de riesgo y recibiendo constantes infracciones que el árbitro Brian Ferreira no siempre sancionó con la severidad esperada. El delantero Bonansea también tuvo su protagonismo, ganando duelos aéreos y exigiendo permanentemente a la defensa mendocina. Incluso en inferioridad numérica, las situaciones más claras de gol pertenecieron al dueño de casa.
Bajo los tres palos, Budiño brindó seguridad cuando fue requerido, mientras que en el arco de enfrente, el capitán Roberto Ramírez se convirtió en el héroe de la visita. Una de las acciones más destacadas ocurrió cerca del final, cuando un remate a quemarropa de Toledo fue contenido magistralmente por el guardameta de Godoy Cruz, ahogando el grito de gol de toda la tribuna sur.
El arbitraje de Ferreira fue duramente cuestionado por la parcialidad local. Se reclamaron agarrones dentro del área y una disparidad en los criterios de amonestación que terminan perjudicando al conjunto santafesino. A pesar de las dificultades, el equipo mostró una faceta de resistencia y compromiso táctico que dejó sensaciones encontradas al finalizar el cotejo.
Por un lado, queda ese sabor a poco debido a que la victoria se escapó por escasos centímetros y por las intervenciones del portero rival. Por otro lado, existe la convicción de que el empate es un punto que sirve. Sumar en condiciones adversas y ante un rival de jerarquía permite mantener la competitividad en la parte alta de la tabla de posiciones. En otros contextos, un partido con un hombre menos durante más de cincuenta minutos podría haber terminado en derrota, algo que en el tramo final del campeonato se suele lamentar profundamente.


