El escenario sindical argentino se ha reconfigurado hace dos meses con la emergencia de una nueva CGT, anunciada con un discurso que enfatizaba el diálogo sobre el enfrentamiento. Este nuevo triunvirato, compuesto por Cristian Jerónimo del sindicato del vidrio, Jorge Solá de Seguros y el camionero Octavio Orgüello, asume la secretaría general de la Central Obrera en un momento crucial para los trabajadores. La retórica en el primer discurso de Jorge Solá subraya la importancia de la tensión constructiva y el diálogo en la búsqueda de nuevos y mejores derechos, argumentando que la sociedad se construye a partir del capital y el trabajo. Rechazan el enfrentamiento que busca destruir al oponente, abogando por la búsqueda de soluciones a través del conflicto necesario, pero sin llegar a la confrontación destructiva.
Sin embargo, esta nueva configuración ha generado ciertas controversias y escepticismo. A pesar de los nuevos rostros, se percibe como un refrito de lo ya conocido, con la influencia de figuras históricas como Cavalieri, Daer, Moyano y Linguieri, junto a Gerardo Martínez y Óscar Martínez. La crítica central radica en la aparente falta de novedades, lo que lleva a la reflexión de que «no hay nada nuevo bajo el sol».
El discurso de diálogo de la nueva CGT es analizado con lupa. Si bien la idea de sentarse a dialogar es atractiva, surge la preocupación de que este diálogo no sea más que una imposición y sumisión, especialmente cuando las condiciones son dadas por el gobierno y deben aceptarse sin otra alternativa. El planteamiento de venir a dialogar y no a combatir, se interpreta como un mensaje dirigido a aquellos que, desde el gobierno, buscan subordinar el trabajo al capital, excluyéndolo de la discusión en igualdad de condiciones. Esta situación plantea una paradoja: mientras la CGT habla de diálogo, el gobierno podría estar forzando una agenda que margina los intereses de los trabajadores.
La CGT, una organización con aproximadamente ochenta años de historia desde su creación en mil novecientos cuarenta y cinco, fue originalmente concebida para representar a los trabajadores con empleo registrado. No obstante, en la actualidad, una alarmante proporción de los trabajadores argentinos, se estima que dos terceras partes, se encuentran en la informalidad laboral. Esta realidad plantea un serio interrogante sobre la representatividad de los dirigentes sindicales, ya que solo representan a una minoría de la fuerza laboral. Este hecho es fundamental, especialmente con la nueva reforma laboral en ciernes, la cual pretende desmantelar los convenios colectivos por sector, promoviendo acuerdos laborales por empresa. Este punto es el que más directamente afecta los intereses de los sindicalistas, y es donde se espera que la CGT presente su mayor resistencia.
Otro punto crucial de fricción, y quizás el más doloroso para el sindicalismo, reside en el manejo del dinero de las obras sociales. En Argentina, el sistema de salud se divide entre la salud pública y la privada, donde las obras sociales se gestionan por actividad. Se menciona la idea de una reforma similar a la europea, donde todas las organizaciones sindicales aportarían a una misma caja, garantizando los mismos servicios de salud para todos los trabajadores, independientemente del tamaño de su sindicato. Esta unificación nunca se logró en Argentina debido a la mezquindad del sistema sindical, que permitió a cada sindicato crear su propia obra social, con calidades de servicio muy dispares. Mientras que sindicatos como empleados de comercio u ocra contaban con obras sociales muy fuertes, otros como los de edificios o seguros tenían obras sociales deficientes.
Esta falta de unificación también se extiende a un seguro de desempleo universal. La CGT tiene la tarea no solo de dialogar con el gobierno, sino también de sentarse a dialogar con sus afiliados. A pesar de que una parte significativa de sus afiliados pudo haber votado al gobierno actual, la CGT tiene la responsabilidad de defender los intereses de todos los trabajadores de la República Argentina.
En cuanto a las dinámicas internas y las alianzas políticas, se destacó que las roscas siempre están presentes. La postulación de Cristian Jerónimo generó enojo y llevó al retiro de algunos sectores, como la federación del transporte y la fraternidad, provocando una fractura en las reuniones previas. Figuras como «Chiquito» Barrionuevo continúan siendo influyentes, amenazando incluso con presentar una lista propia.
Finalmente, se reflexiona sobre la situación de sindicatos como el de los gastronómicos, donde la precarización laboral es una constante. Se especula que un hipotético paraíso fiscal podría beneficiar al turismo y, por ende, a los empresarios gastronómicos, pero no necesariamente a los trabajadores gastronómicos, profundizando la brecha y la desigualdad en un sector ya vulnerable.


