CINESTADO: desmantelamiento cultural

La gestión cultural actual en Argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos. Las políticas impulsadas por el gobierno de Javier Milei, especialmente en relación con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), han encendido fuertes cuestionamientos desde distintos sectores del ámbito cultural, artístico y educativo. Lejos de tratarse de un debate ideológico abstracto, lo que está en juego es el futuro de una industria que ha sido históricamente reconocida a nivel mundial.

Uno de los ejes centrales de la crítica apunta directamente a los funcionarios responsables de la política cultural. En el fragmento del programa «LA JABONERÍA DE VIEYTES» que compartimos al final de la nota se cuestiona duramente al Secretario de Educación y, en particular, a Carlos Pirovano, actual responsable del INCAA, a quien se acusa de no valorar el cine argentino ni comprender su rol estratégico dentro de la cultura nacional. La decepción no es solo personal, sino institucional: se denuncia una conducción que no defiende la educación ni la producción cultural como bienes públicos.

Otro de los puntos señalados es el retroceso en la producción televisiva y cinematográfica argentina. La desaparición de las novelas nacionales —durante décadas un sello distintivo de la televisión local— aparece como una advertencia de lo que podría ocurrir con el cine. Desde la conducción del INCAA, esta situación es relativizada bajo el argumento de que las nuevas formas de consumo cultural se reducen a “videos minuto” para redes sociales, una visión que banaliza el valor artístico y social del audiovisual.

Cine argentino: prestigio internacional y abandono interno

Paradójicamente, mientras el Estado se retira, el cine argentino continúa siendo premiado y valorado en todo el mundo. Festivales internacionales, plataformas de streaming y mercados extranjeros siguen apostando por producciones nacionales debido a su calidad artística y éxito comercial. Incluso se han expresado preocupaciones desde el exterior de diferentes referentes de la politica y la cultura que han repudiado públicamente las políticas culturales del gobierno argentino, evidenciando que el conflicto trasciende las fronteras.

Este reconocimiento internacional pone en evidencia una contradicción central: si el cine argentino funciona, es competitivo y despierta interés global, ¿por qué el Estado decide desfinanciarlo? El argumento del ajuste aparece así más ligado a una decisión ideológica que a una evaluación real del sector.

Además tengamos en cuenta que Las plataformas internacionales no invierten en producciones argentinas por altruismo, sino porque son rentables, y esa rentabilidad se la da la estructura de formación que muchas veces es sostenida a pulmón. El éxito de series, películas y realizadores nacionales demuestra que el problema no es la falta de público ni de talento, sino la ausencia de una política cultural estatal que acompañe y potencie ese desarrollo.

El rol de los funcionarios y la lógica del ajuste

“El hombre hace al cargo, no el cargo al hombre”, los problemas actuales no son estructurales sino políticos. La crítica se dirige a funcionarios que priorizan recortes y ajustes sin asumir responsabilidades ni rendir cuentas por las consecuencias de sus decisiones. En este esquema, la cultura deja de ser una política pública para convertirse en una variable de ajuste que pierde incluso en comparación con la década del 90, porque aun bajo gobiernos neoliberales, se seguían produciendo contenidos culturales y audiovisuales. La diferencia con la actualidad radica en que hoy no solo se ajusta, sino que se destruye lo que ya estaba funcionando, debilitando estructuras que costaron décadas construir.

¿ES POSIBLE UNA CONCIENCIA COLECTIVA EN UNA SOCIEDAD FRAGMENTADA?

El panorama parece no ser optimista, hay un clima social marcado por un «individualismo despolitizado», que colabora con una fragmentación social que dificulta la defensa de los derechos colectivos, entre ellos el acceso a la cultura y la producción artística nacional. El conflicto en torno al INCAA y la gestión cultural no es un debate menor. Se trata de definir si la cultura será entendida como un derecho, una industria estratégica y un espacio de identidad colectiva, o si quedará reducida a un gasto prescindible en nombre del ajuste. Mientras el mundo sigue valorando al cine argentino, la politica nacional parece decidido a darle la espalda.

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