Como sabemos a principio de año suelen abrirse las paritarias y la disputa por las condiciones de trabajo y el salario docente, y algo que no deberíamos olvidar en este contexto es la iniciativa del Ministerio de Capital Humano en los últimos meses de 2025 que habilita denuncias por presunto adoctrinamiento en las escuelas. Podemos convenir que desde un principio la medida no solo carece de una definición clara, sino que además efectivamente deriva en una persecución ideológica, autocensura docente y un debilitamiento del pensamiento crítico en las aulas que para ningún sindicato docente a lo largo y ancho del país puede ser indiferente.
La medida no sólo fue descabellada sino que marca un clima de época, el cambio de uso de líneas telefónicas oficiales es una muestra de lo que se pretende instalar como normal o peligroso, que el número 0800 que se propone para denunciar supuestos adoctrinamientos anteriormente era destinado a denunciar violencia de género roza el cinismo. De manera similar, el 134, una línea del Ministerio de Seguridad asociada a denuncias, por ejemplo, vinculadas a delitos de lesa humanidad, fue reutilizado a principios de la era Milei para señalar a sindicatos y organizaciones sociales. Parece ser que es más peligrosa la organización social, que los delitos contra la vida de las mujeres o la impunidad de represores.
Escuela, pluralidad y pensamiento crítico
Desde el ámbito pedagógico se remarca que ninguna práctica educativa es neutral, especialmente en las materias humanísticas y sociales. Enseñar historia, política, literatura o ciudadanía implica necesariamente interpelar a los estudiantes, confrontarlos con distintas miradas y promover el debate de ideas. En ese sentido, la iniciativa oficial es leída como un intento de limitar la pluralidad ideológica y restringir el rol formativo de la escuela como espacio de construcción democrática.
Para gran parte del sector educativo, el verdadero adoctrinamiento no reside en el intercambio de ideas en el aula, sino en aquellas prácticas que anulan el pensamiento crítico, imponen verdades únicas y desalientan la reflexión autónoma. Bajo esta definición, el adoctrinamiento es visto como una amenaza directa a la libertad de expresión y al derecho a una educación plural.
Autocensura y disciplinamiento
Otra de las alarmas encendidas es el avance de la autocensura. Docentes expresan temor a ser denunciados por abordar contenidos sensibles o por cuestionar políticas públicas que afectan a trabajadores, jubilados, estudiantes y personas con discapacidad. La posibilidad concreta de sanciones o escraches genera un clima de disciplinamiento simbólico que impacta directamente en la calidad educativa, enseñar se vuelve una batalla contra el delirio establecido.
A lo que sumamos que en el aula se destina gran parte del tiempo a desarmar discursos erróneos que circulan masivamente en redes sociales, donde la desinformación, la simplificación extrema y los mensajes de odio se difunden sin ningún tipo de control. La escuela para ser el espacio donde se puedan mitigar los efectos nocivos de esas prácticas la libertad de trabajo docente es clave.
Educación, derechos y uso político
También generó rechazo la difusión de situaciones en las que niños y niñas son inducidos a agradecer a funcionarios públicos por actividades o viajes educativos. Desde una mirada de derechos, se subraya que estas experiencias son financiadas con dinero público y forman parte de las obligaciones del Estado, no de favores personales. Presentarlas como “dádivas” refuerza una lógica asistencialista y desvirtúa el rol de las políticas públicas.
Señales institucionales preocupantes
Finalmente, distintas voces advierten sobre hechos llamativos en el plano institucional, como la escasa participación de docentes como autoridades de mesa en elecciones, un rol históricamente central en los procesos democráticos. Su reemplazo por otros actores sociales despierta interrogantes sobre el lugar que el actual gobierno asigna al sistema educativo y a sus trabajadores.
En un contexto de alta tensión política, el debate sobre el adoctrinamiento en la escuela vuelve a poner en el centro una discusión clave: si la educación debe formar ciudadanos críticos y libres o limitarse a reproducir una visión única del mundo. Para muchos sectores, lo que está en juego no es solo el rol del docente, sino el sentido mismo de la educación pública en la Argentina.


