El sexto capítulo de la serie “Esto fuimos, Argentina” avanza una semana más en ese viaje incómodo —pero necesario— por la memoria reciente. Esta entrega nos sitúa entre el 5 y el 11 de febrero de 2001, en un país que ya mostraba con crudeza las grietas que estallarían meses después. Con el antecedente de cinco capítulos ya publicados, el relato profundiza en una Argentina atrapada entre la crisis económica, la corrupción estructural, el miedo sanitario y una agenda internacional convulsionada.
En el plano local, el capítulo vuelve sobre un eje central del período: la economía y la corrupción. Los nombres de Aldo Ducler y Raúl Moneta reaparecen como símbolos de un sistema financiero opaco, atravesado por la evasión fiscal y los negociados. La detención del expresidente del Banco Nación, acusado de cobrar coimas, termina de pintar un clima de descomposición institucional que ya resultaba imposible de disimular.
La serie también baja al territorio y pone el foco en Santa Fe, donde la amenaza de un brote de cólera genera alarma sanitaria y expone las debilidades del sistema de salud pública, un tema recurrente en este recorrido histórico que conecta lo estructural con la vida cotidiana.
En el escenario global, el capítulo amplía la mirada. Mientras Ecuador intenta encauzar sus conflictos internos, Israel profundiza una crisis política y social con la elección de un nuevo primer ministro, recordándonos que el cambio de siglo estuvo lejos de traer estabilidad automática. En contraste, aparece una nota de expectativa: los primeros estudios del genoma humano, presentados como una promesa científica capaz de revolucionar el tratamiento de enfermedades y abrir un horizonte distinto en medio del caos.
Pero el peso emocional del episodio vuelve a caer sobre las tragedias en Argentina. El recuerdo del femicidio de Natalia Melmann en Pinamar y el doble crimen de Mariano Pérez y su esposa en Cariló expone la violencia, la impunidad y las sospechas de vínculos con la mafia y el Citibank, reforzando la sensación de un país donde el crimen y el poder económico se rozan peligrosamente.
Como contrapeso cultural y social, el capítulo se permite una pausa para recordar el estreno de Hannibal, secuela de El Silencio de los Inocentes, y cerrar con un repaso de la primera fecha del torneo Clausura 2001, donde el fútbol argentino vuelve a aparecer como refugio colectivo en tiempos de incertidumbre.
Este sexto capítulo confirma el tono de la serie: memoria, contexto y espejo. No se trata solo de enumerar hechos, sino de entender cómo esos días de febrero de 2001 anticipaban el país que estaba por explotar y, al mismo tiempo, el que todavía arrastramos.


