ESTO FUIMOS ARGENTINA: el primer Gran Hermano (con comentarios de Pablo Molinari)

La Argentina del dos mil uno vivía una semana de intensa agitación política y cambios drásticos, marcados por la salida de figuras clave del gobierno y la promesa de un ajuste económico severo. En medio de este clima de incertidumbre, la televisión ofrecía una válvula de escape con el fenómeno de los reality shows, que comenzaba a conquistar a la audiencia.

La décima semana, que abarcó del cinco al once de marzo, se inició con el gobierno desmintiendo rumores de un feriado bancario, una señal clara de la fragilidad económica del país. El presidente Fernando de la Rúa buscaba desesperadamente estabilizar su administración, sacudida por la reciente renuncia de José Luis Machinea al ministerio de economía. En un intento por calmar las aguas, se anunciaron nuevas designaciones en el gabinete, incluyendo a Marcos Makón en Desarrollo Social, Ricardo Mitre en la Secretaría General y Graciela Fernández Meijide asumiendo la jefatura de gabinete.

Sin embargo, la tensión persistía, y el flamante ministro de economía, López Murphy, llegaba con un paquete de medidas que ya tomaba forma, prometiendo un recorte monumental de casi mil trescientos millones de pesos. La reducción del gasto público se planteaba a través de la eliminación de estructuras del estado, una decisión que muchos veían como un camino directo al abismo económico. Las medidas ortodoxas de López Murphy incluían la controvertida decisión de recortar impuestos a los que más tenían, mientras que los aumentos a ganancias y el IVA seguirían recayendo sobre los trabajadores y los consumidores. Los mercados, como era de esperar, celebraban estas decisiones, siempre ávidos de más.

A pesar de la dura realidad económica, el gobierno también intentaba dar señales de esperanza. El presidente De la Rúa prometía el freno a los despidos en el sector público y privado, aunque la falta de recursos se hacía evidente. La situación era tal que, en un giro paradójico, la policía se convertía en una de las pocas carreras estables, atrayendo a numerosos aspirantes que hacían largas filas para ingresar a la fuerza. Mientras tanto, se proponían controles de calidad para el recorte en educación, y en provincias como Santa Fe, se observaba a expertos británicos analizando la gestión de Universidad Nacional del Litoral. En el ámbito local, la noticia de la instalación de otro hipermercado en Santa Fe generaba inquietud entre los pequeños y medianos comerciantes, que ya luchaban por sobrevivir.

La agenda social también ocupaba un lugar central en esta semana. Se organizaba la habitual marcha por el Día de la Mujer, con las consignas de igualdad de derechos resonando fuertemente. A nivel mundial, una iniciativa curiosa proponía que los medios estuvieran a cargo de mujeres por tres días, una medida simbólica que dejaba claro que no abordaba las soluciones de fondo. Lamentablemente, la semana estuvo nuevamente cargada de femicidios, violaciones y violencia, lo que puso de relieve la creciente preocupación por la seguridad. En este contexto, los medios de comunicación destacaban la presencia de la mafia de los taxis, siguiendo la línea de «mafias» que habían surgido en semanas anteriores, como la de los remises o la de los municipales que robaban combustibles. Con la tendencia de que todo era mafia la novela que iniciaba con Andrea del Boca y Dady Brieva, bien podría haberse llamado «La mafia de los soderos», afortunadamente primó la cordura y se llamó «El sodero de mi vida».

Pero si había algo que dominaba el contenido y el rating de la televisión en esa semana, era sin duda el estreno de Gran Hermano. El programa, que cumplía veinte años en el aire, se convirtió rápidamente en un fenómeno cultural. Pablo Molinari, un reconocido comediante, comparte en este capitulo su perspectiva sobre este pionero de los reality shows. Según Molinari, Gran Hermano fue el más llamativo y popular de todos los realities, marcando un antes y un después en la televisión al introducir la idea de tener una cámara y ver la vida de otra persona. Era una televisión relativamente económica que, a la par de los mediáticos, apostaba a que el contenido era la vida de una persona sin mucho más. Aunque reconocía la posible manipulación por parte de los productores, Molinari consideraba que, a pesar de sus momentos muertos, la propuesta inicial era interesante, y aunque hubo realities posteriores que fueron mucho mejores, Gran Hermano fue el que arrancó todo. Él, a pesar de tener veinte años, no era un gran fanático, pero sí recordaba a algunos participantes como Tamara Paganini y Gastón Trezeguet, y a los conductores, Soledad Silveyra y Marley. Mencionó el famoso «adelante mis valientes» de Silveyra y recordó el momento en que se les dio la noticia a los participantes sobre el derrumbe de las torres gemelas (que fue en su segunda edición por septiembre), una situación que generó reacciones dispares entre ellos. Aunque la idea le parecía interesante al principio, se le hacía aburrido a la larga debido a los momentos muertos. Finalmente, Pablo Molinari confesó que, a pesar de la popularidad del programa, no se sintió tentado a ir al casting, ya que se consideraba reacio a los programas de entretenimiento y no creía tener la personalidad característica que buscaban.

En el ámbito internacional, las noticias se centraban en el lanzamiento tripulado del Discovery por parte de la NASA, que ocasionalmente ocupaba los titulares. En el sur, se destacaba la partida de los soldados británicos de las Islas Malvinas, mientras los reclamos de soberanía argentina brillaban por su ausencia.

Finalmente, el suplemento deportivo de la semana traía malas noticias para los fanáticos del fútbol. Se concretaba el doble descenso de Ferro, que había pasado de primera división a la Primera B Metropolitana en un vertiginoso tobogán. River Plate perdía su invicto tres a uno contra Talleres de Córdoba, abriendo el camino a sus perseguidores. Gimnasia y Esgrima La Plata aprovechaba la oportunidad, ganándole tres a dos a Newell’s Old Boys de Rosario, y en Santa Fe, el equipo local se arrimaba al segundo puesto de la tabla. San Lorenzo, que tenía todo para alcanzar la punta, empataba uno a uno con un gol de Verdi, dejando escapar una oportunidad clave.

Esta décima semana del dos mil uno fue un microsismo que reflejó las tensiones políticas, los cambios económicos, las preocupaciones sociales y el nacimiento de un nuevo tipo de entretenimiento que transformaría la televisión argentina.

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