GANÓ COLÓN: el debut del sabalero en este 2026 fue de 2 a 1 contra Deportivo Madryn [VIDEO]

En una tarde que parecía escrita por el destino, el Cementerio de los Elefantes volvió a latir como en sus mejores jornadas. El 14 de febrero no fue un día cualquiera: fue el Día de los Enamorados y Santa Fe eligió celebrar su amor más profundo, el que no falla nunca. El que se viste de rojo y negro. El que responde a la pasión por el sabalero, el amor de hincha.

El Sabalero arrancó su camino en la Primera Nacional 2026 con una victoria 2 a 1 ante Deportivo Madryn. Pero más allá del resultado, dejó sensaciones que entusiasman. El Negro mostró carácter, juego, identidad y algo de la mística que se necesita para transformar la realidad del pasado reciente.

Un equipo que convenció desde el juego

Colón no ganó por casualidad. Ganó porque fue mejor, el equipo dirigido por Ezequiel Medrán salió decidido a marcar condiciones. Presión alta, circulación rápida y determinación en cada pelota dividida. No hubo especulación. El Negro asumió el protagonismo que su historia le exige.

Los primeros minutos fueron un monólogo sabalero. Lago, Cano y Bonansea entendieron el mensaje y lo ejecutaron a la perfección: intensidad para recuperar, claridad para asociarse y decisión para atacar. Las tribunas, colmadas, acompañaron con ese empuje que baja desde las populares y que busca contagiar a cada jugador que pisa el césped.

El primer grito llegó temprano, a los 11 minutos. Recuperación de Lago, pase inteligente para Cano y definición demoledora de Bonansea. Un bombazo imposible para Bonín. Fue la síntesis de lo que Colón quería y necesita ser: agresivo, directo y efectivo. El 1-0 reflejaba lo que se veía en la cancha.

En el complemento, si bien arrancó menos efusivo, el Sabalero redobló la apuesta. No se replegó ni entregó la iniciativa. Y así llegó el segundo.

Contra bien armada, transición rápida y pelota para Marcioni. Sin dudarlo, sacó un sablazo tremendo que se clavó en el arco. Golazo. 2-0. Un tanto que fue más que una ventaja: fue una declaración de intenciones. Este Colón quiere imponer condiciones.

También hubo lugar para la emoción con el ingreso de Lértora. Ovación cerrada, “dale campeón” bajando desde todos los sectores y jerarquía inmediata en el mediocampo. Su presencia transmitió orden y experiencia, y un recibimiento de un hincha que, como debe ser, da crédito en este arranque.

En líneas generales, el equipo dejó conformidad. Mostró una idea clara, compromiso colectivo y actitud para competir. Fue superior durante la mayor parte del encuentro y dio señales de que puede ser protagonista.

En el Día de los Enamorados, Colón enamoró otra vez

El fútbol tiene esas casualidades que parecen guiños del destino. 14 de febrero. Día de los Enamorados. Y Colón jugando en casa, ante su gente. No podía haber mejor escenario para reafirmar una historia de amor que atraviesa generaciones.

El Cementerio de los Elefantes fue una fiesta desde antes del inicio. Familias enteras, parejas, amigos de toda la vida. Algunos con camisetas nuevas, otros con casacas gastadas por los años, todas con la misma pasión bordada en el pecho. El Negro no juega solo: juega con el corazón de miles.

El equipo devolvió ese amor en forma de actitud y entrega. Cada recuperación era celebrada como un gol. Cada avance despertaba ilusión. Y cuando llegaron los tantos, la explosión fue total. El estadio se transformó en un abrazo colectivo, en una confirmación de que este vínculo no entiende de categorías ni de circunstancias.

En tiempos donde las urgencias abundan, Colón ofreció algo más que un triunfo: ofreció identidad. Voluntad de ir al frente, compromiso con la camiseta y conexión real con las tribunas. Y eso, para el hincha sabalero, es fundamental.

No fue solo ganar. Fue la manera. Fue salir decidido a recuperar el protagonismo, demostrar que el descenso no quebró el espíritu y que la Primera Nacional no es un lugar de resignación sino un paso necesario para volver a donde el club sabe que pertenece.

El amor se alimenta de señales. Y el Negro dio una clara: está dispuesto a pelear cada partido como si fuera el último. Así, es inevitable que el hincha vuelva a ilusionarse.

Si no se sufre, no vale

Pero esto es Colón. Y en Colón nada es sencillo. Cuando parecía que el cierre sería tranquilo, cuando el 2-0 daba sensación de control absoluto, el fútbol recordó que en el Cementerio las emociones nunca son lineales.

Ya en el tiempo adicionado, un centro desde la derecha encontró la cabeza del “Tanque” Silva, que puso el 2-1 para Deportivo Madryn. Baldazo de agua fría. Silencio tenso por un instante. Ese instante eterno en el que el corazón late más fuerte que nunca.

Porque si algo sabe el hincha sabalero es sufrir. Sufrir y resistir. Los minutos finales se jugaron con los dientes apretados, con cada despeje celebrado como una conquista. La pelota parecía quemar, el reloj avanzaba lento y la incertidumbre se instalaba.

Pero Colón aguantó. Con carácter, con orden y con esa rebeldía que nace del orgullo. El pitazo final liberó todo. No fue solo alivio: fue catarsis. Porque en el fondo, el hincha lo sabe y casi lo acepta como regla sagrada: si no se sufre, no vale.

El descuento rival no opaca lo hecho durante 90 minutos. Sí deja una enseñanza: en esta categoría nadie regala nada. Cada punto se pelea hasta el último segundo. Y el Sabalero deberá sostener la concentración para evitar finales innecesariamente apretados. Resistió y celebró.

El 2-1 final confirmó el buen inicio. Tres puntos en casa, actuación convincente y la ilusión renovada. Colón comenzó su camino con el pie derecho, mostrando señales de identidad y compromiso. El sueño del regreso empieza a tomar forma.

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