En un contexto marcado por el desprestigio de lo colectivo y el retroceso de las políticas públicas a nivel nacional, el Grupo Peñaloza, impulsado por Raúl Martínez, emerge como una experiencia de organización comunitaria orientada a transformar la voluntad solidaria en acciones concretas. La iniciativa busca empoderar a la comunidad y brindar soluciones a problemáticas sociales que atraviesan a amplios sectores de la población.
El origen del Grupo Peñaloza se encuentra en una realidad cotidiana: vecinos y vecinas con intención de ayudar, pero sin estructura, herramientas legales ni orientación estratégica. A partir de esa necesidad, se diseñó un esquema que permite ordenar, formalizar y potenciar esos esfuerzos mediante la creación de asociaciones civiles y cooperativas de trabajo, dando un marco jurídico que hace posible sostener el trabajo social en el tiempo.
A diferencia de otros modelos centralizados, la propuesta se apoya en la autonomía institucional. Cada organización cuenta con su propia comisión directiva, cuenta bancaria y equipo de trabajo, lo que le permite adaptarse a las necesidades específicas de su territorio. El rol del Grupo Peñaloza es acompañar, articular y facilitar el acceso a programas estatales disponibles, principalmente de origen provincial y municipal, en un escenario donde los programas nacionales han dejado de tener la presencia de otros tiempos.
Las acciones que se desarrollan son diversas y responden a demandas concretas. En algunos barrios, el eje está puesto en la educación, a través de cursos de capacitación y formación; en otros, la prioridad es la asistencia social, con el funcionamiento de comedores y merenderos; y en muchos casos, el objetivo central es la generación de empleo, impulsada mediante cooperativas de trabajo como estrategia de inclusión y dignidad laboral.
El Grupo Peñaloza acompañó en la composición y desarrollo de instituciones entre las que se encuentran la Asociación Civil Ampara RH Positivo, la Cooperativa de Trabajo Limitado, la Asociación Civil Fuerza Barreal Ciudadela, la Asociación Civil Grito de Esperanzas, la Asociación Civil Juntos Todo se Puede, Protagonista Cooperativa de Trabajo, la Asociación Civil Despierta San Lorenzo, la Asociación Civil El Sueño de los Peques, la Asociación Civil Raíces de Noguera y la Asociación Civil Juami del Cielo, conformando una red de trabajo territorial con fuerte anclaje comunitario.
Desde la organización se subraya la importancia de las instituciones con personería jurídica como herramienta clave para la implementación de políticas públicas, ya que el Estado canaliza recursos y programas a través de entidades formales, y no de manera individual. En ese sentido, el fortalecimiento institucional aparece como una condición indispensable para que la ayuda llegue efectivamente a quienes más la necesitan.
El contexto político actual también atraviesa el desarrollo de la iniciativa. Se señala la ausencia de políticas nacionales de acompañamiento social y se cuestiona una orientación gubernamental que, según los referentes del espacio, debilita la presencia del Estado. Aun así, el Grupo Peñaloza apuesta a consolidarse y ampliar su alcance, con la expectativa de un escenario futuro más favorable.
Más allá de las dificultades, uno de los aspectos que se destaca es el esfuerzo por construir cohesión social en un clima de desconfianza y fragmentación. Unir personas, organizaciones y voluntades no resulta sencillo, pero la iniciativa se sostiene sobre la convicción colectiva de que el trabajo social debe estar por encima de los colores políticos y centrarse en las necesidades reales de la comunidad.
Finalmente, se reconoce en la nota el aporte de distintos funcionarios por su acompañamiento a las instituciones comunitarias y su participación clave en el inicio del proyecto, demostrando que, cuando existe decisión política, es posible articular Estado y organizaciones sociales para dar respuestas concretas a la población.


