En esta decimotercera entrega de nuestra crónica histórica sobre los eventos que marcaron a fuego el destino nacional, nos adentramos en los días finales de marzo y el inicio de abril de aquel fatídico año. La atmósfera en la Argentina no solo estaba cargada de incertidumbre, sino que se percibía un aroma a pactos de urgencia y medidas desesperadas. Mientras el gobierno de Fernando de la Rúa intentaba desesperadamente sostener la gobernabilidad, las figuras del pasado reciente emergían para ofrecer un respaldo que, para muchos, resultaba tan inquietante como necesario.
El escenario político central de esta semana estuvo dominado por una imagen que pocos hubieran imaginado apenas meses atrás: la reunión en la residencia de Olivos entre el presidente actual y sus dos predecesores directos, Carlos Menem y Raúl Alfonsín. Este cónclave de líderes tenía como objetivo declarado aportar institucionalidad y gobernabilidad a un país que se desangraba económicamente. Sin embargo, detrás de los apretones de manos y las declaraciones de unidad, se escondía la cruda realidad de una gestión que ya no podía sostenerse por sus propios medios y que necesitaba del aval de todo el arco político para avanzar con su nueva receta económica.
El gran protagonista operativo de estos días seguía siendo Domingo Felipe Cavallo. El flamante ministro de economía logró finalmente que la Cámara de Diputados le aprobara los denominados superpoderes. Aunque el Congreso impuso ciertas reservas, el «Mingo» obtuvo el margen de maniobra suficiente para implementar su plan de reactivación, que incluía la creación de empleo y una profunda regularización impositiva. Una de las medidas más polémicas y discutidas fue la implementación del impuesto a las cuentas corrientes particulares, que se fijó en un porcentaje considerable para los ciudadanos comunes, mientras que para las grandes cadenas de supermercados la carga era sensiblemente menor. Esta distinción se justificaba oficialmente como una forma de proteger la capacidad generadora de empleo, aunque las críticas por favorecer a los sectores más poderosos no tardaron en arreciar.
Pero el plan de Cavallo no se detuvo allí. El ministro también puso el ojo en las cooperativas y mutuales, buscando gravar sus ganancias, lo que generó un fuerte rechazo en el sector de la economía social. En medio de este vendaval de ajustes, hubo un pequeño respiro para los sectores más vulnerables: la justicia rechazó algunos de los recortes previstos para los jubilados, y el gobierno comenzó a delinear subsidios para los jefes y jefas de familias desocupadas, intentando contener un estallido social que ya se sentía en el aire. Los mercados, mientras tanto, observaban con una calma tensa, listos para abalanzarse sobre cualquier signo de debilidad como auténticos buitres.
En el plano regional, la provincia de Santa Fe también vivía sus propias urgencias. El gobierno santafesino iniciaba gestiones para que las ruinas de Santa Fe la Vieja en Cayastá fueran declaradas patrimonio cultural de la humanidad, buscando rescatar la memoria histórica en medio del caos. No obstante, la salud pública encendía alarmas con la aparición de casos de leptospirosis, una enfermedad transmitida por roedores que recordaba la precariedad de las condiciones sanitarias en ciertos sectores. Además, se empezaba a discutir un nuevo pacto fiscal entre la nación y las provincias, una propuesta que buscaba eliminar ingresos brutos, liderada por figuras como el gobernador Carlos Reutemann. En un gesto de proyección hacia el futuro, se firmaban acuerdos para los estudios de prefactibilidad del puente entre Santa Fe y Corrientes, un acto del que participó el entonces ministro del interior Ramón Mestre.
Cruzando las fronteras, el mundo asistía a eventos de gran impacto geopolítico y social. En Yugoslavia, el nombre de Slobodan Milosevic acaparaba los titulares. El otrora hombre fuerte de los Balcanes, tildado por muchos como un criminal de guerra y por otros como un chivo expiatorio de la violencia étnica de la década pasada, se entregaba finalmente a las autoridades en Belgrado. Su detención abría el camino para su posterior traslado a la corte de La Haya, marcando el fin de una era de impunidad en la región. Mientras tanto, en Holanda, una noticia mucho más amable capturaba la atención de los argentinos: el compromiso oficial del príncipe Guillermo con la argentina Máxima Zorreguieta, una historia que parecía salida de un cuento de hadas pero que tenía profundas implicancias diplomáticas.
En México, la realidad era mucho más cruda. La caravana zapatista llegaba a su fin con un histórico discurso ante la Cámara de Diputados. La comandanta Esther, en representación de los pueblos originarios, pedía condiciones legislativas dignas y un país que dejara de excluir a sus raíces indígenas, clamando por una paz que se le seguía negando al territorio mexicano.
De regreso al suelo argentino, el conflicto social no daba tregua. En la Ruta Once, los trabajadores municipales de Reconquista llevaban adelante piquetes exigiendo el pago de salarios atrasados y ayuda escolar, demostrando que la crisis ya no era solo un tema de grandes despachos en la capital, sino una angustia cotidiana en cada rincón del interior. En el ámbito electoral, la Alianza lograba un triunfo en las renovaciones legislativas de Catamarca, de la mano del Frente Cívico y Social, alcanzando un porcentaje de votos que el gobierno nacional intentó capitalizar como una victoria propia desde la quinta de Olivos, aunque el sabor fuera agridulce.
El deporte, siempre fiel reflejo del estado de ánimo nacional, aportaba sus propias crónicas de gloria y negocios. La noticia que sacudió el mercado futbolístico fue la venta de Juan Román Riquelme desde Boca Juniors al Barcelona por una cifra astronómica para la época. Mientras tanto, la selección nacional, con un Diego Simeone que cumplía un récord de presencias, aplastaba por cinco goles a su rival en las eliminatorias para el mundial de Corea y Japón, brindando una alegría efímera a un pueblo necesitado de triunfos. En el torneo local, San Lorenzo e Independiente lograban victorias importantes para mantenerse en la pelea, con el doblete de un joven uruguayo llamado Diego Forlán para el rojo.
Así concluía esta decimotercera semana de un año que no daba respiro. Entre pactos de cúpulas políticas, superpoderes económicos, compromisos reales y protestas sociales, la Argentina caminaba por la cornisa, intentando desesperadamente no caer al abismo, mientras el mundo seguía girando entre juicios internacionales y promesas de justicia para los excluidos.


