PRIORIDADES LEGISLATIVAS: Manteniendo la llama de la demonización del kirchnerismo

En el siempre agitado escenario político argentino, en La Jabonera de Vieytes se dio una conversación que, desde un lugar sencillo, sin estridencias y bien a ras del suelo, volvió a poner sobre la mesa una inquietud recurrente entre muchos ciudadanos: la transparencia y la preparación de quienes ocupan cargos públicos. No desde la pretensión de dar cátedra, sino desde la curiosidad, la sorpresa y, en algunos momentos, la preocupación genuina.

La charla arrancó de manera distendida, como suele pasar en el programa, y poco a poco fue derivando en el caso de la senadora María Emilia Orozco integrante del bloque La Libertad Avanza, que en un programa porteño seguía maquinando sobre la responsabilidad del kirchnerismo sobre las decisiones de los funcionarios nacionales. Se mencionó que es una senadora joven, que alcanzó recientemente la edad mínima para asumir el cargo, pero rápidamente quedó claro que el foco no estaba puesto en su edad, sino en la información disponible —o más bien, en la falta de ella— sobre su trayectoria.

Con mate y pantalla de por medio, los conductores se metieron a navegar en vivo por la página oficial del Honorable Senado de la Nación, buscando algo bastante básico: el currículum vitae de la senadora. La sorpresa compartida apareció cuando comprobaron que el espacio destinado a ese dato estaba vacío. No había formación académica, experiencia laboral ni antecedentes públicos cargados.

Lejos de un ataque personal, la observación abrió una reflexión más amplia. Mientras cualquier ciudadano común necesita presentar un CV detallado para acceder a un trabajo, incluso precario, una representante que legisla para millones de argentinos no tiene esa información disponible en un sitio oficial. Esa contradicción, planteada con ironía pero sin agresión, fue uno de los ejes del debate.

La conversación siguió con un repaso de los proyectos presentados por Orozco. Hasta el momento, se señaló que figura uno solo: una declaración de beneplácito en reconocimiento al piloto salteño Luciano Benavides. Si bien nadie cuestionó el mérito deportivo, sí surgió la pregunta sobre las prioridades legislativas y el rol que se espera de una senadora nacional. También aparecieron comentarios sobre el contexto social y económico de Salta, mencionando de pasada a sectores concentrados de poder y viejas discusiones sobre la desigualdad, más como una inquietud que como una afirmación.

Desde ahí, el debate derivó hacia un tema más de fondo: la meritocracia y el lugar del conocimiento en la política. Uno de los panelistas compartió una experiencia personal: un ministro provincial lo había contactado para elogiar su formación académica, pero no para sumarlo a su equipo, sino para pedirle asesoramiento externo. El argumento fue claro y llamativo: alguien con demasiada preparación podría generar discusiones constantes y “desgastar” la gestión. La anécdota sirvió para ilustrar una sensación extendida: a veces, en ciertos espacios de poder, no se busca gente que piense demasiado o cuestione, sino perfiles más dóciles y moldeables.

También se habló de honestidad intelectual. Se mencionó el caso de un influencer que, al asumir un cargo, dijo sin vueltas que votaría todo lo que indicara el presidente. Aunque esa postura puede resultar chocante, en la mesa se planteó que, al menos, hay una sinceridad de base: quien lo vota sabe exactamente qué está eligiendo, aún cuando eso sea en contra de sus propios intereses. En contraste, se criticó con más dureza a quienes prometen una cosa en campaña y luego hacen lo contrario, movidos por el poder o el dinero.

En definitiva, el caso de María Emilia Orozco, su currículum ausente en una página oficial y la escasa actividad legislativa visible no fue tratado como un escándalo, sino como un disparador. Un ejemplo más para pensar qué tipo de representantes llegan a los cargos, qué se les exige y qué tan atentos estamos como ciudadanos a la hora de votar. Desde la humildad de una charla de barrio, La Jabonera de Vieytes dejó planteada una pregunta incómoda pero necesaria:
¿qué tan alta —o qué tan baja— estamos poniendo la vara en la política?

Si querés, puedo resaltar aún más (tipo subtítulos en negrita) o adaptarlo para redes, editorial o guion de video.

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