UN PAÍS SIN NORTE: informe de la actualidad desde tierra del fuego

En una entrevista reciente, Miguel Dorner, un referente de «De la Patagonia con Amor», ha emitido una fuerte advertencia sobre el estado de la industria en Ushuaia en la actual era de Javier Milei. La situación es crítica, con la industria fueguina trabajando apenas al 20% de su capacidad instalada, una cifra alarmante que refleja el profundo impacto de las políticas nacionales en el empleo y la producción local.

Dorner subraya que la discusión en Tierra del Fuego no se centra en beneficios laborales, como la licencia por paternidad o la reducción de la jornada, sino en la cruda realidad de tener que conseguir «tres laburos para sobrevivir». Esta declaración pone de manifiesto la precariedad económica que enfrentan los trabajadores.

La conversación también aborda el papel de los gobernadores, a quienes Dorner acusa de cambiar su voto «de acuerdo a su conveniencia», lo que ha contribuido a la destrucción del movimiento obrero argentino. La provincia de Tierra del Fuego, en particular, se siente castigada, con el gobierno nacional adeudándole más de 130.000 millones de pesos y una intervención del puerto, un tema que ya había generado preocupación la semana anterior.

Respecto a la llegada de un avión con supuestos congresistas estadounidenses, la entrevista planteó la pregunta: «¿Qué qué se dice sobre ese avión que aterrizó con congresistas con supuestos congresistas estadounidense?» Dorner respondió: «Vos sabes que yo en ese sentido veo como una regla general la despreocupación y la ignorancia porque bueno, pasó en otra provincia también, no fue solamente la nuestra donde está bien aterrizó, pero hay mucha ignorancia en el tema.» Aquellos que apoyan el proyecto actual del país ven con buenos ojos la intervención y la presencia de la bandera estadounidense, interpretándolo como una «alineación occidental». Sin embargo, Dorner contrapone esta visión con la realidad global, donde socios naturales de Estados Unidos como Canadá y México se han «separado» y están enfrentados a políticas como las de Donald Trump. Mientras el mundo avanza hacia la reducción de la jornada laboral, Argentina va «para el otro lado».

La reforma laboral impulsada por el gobierno es otro punto de fuerte crítica. Dorner explica que la ley anterior permitía al trabajador denunciar incumplimientos hasta dos años después de finalizada la relación laboral, con la ley diciendo que el trabajador «podría» hacerlo. Ahora, la ley dice «debería», lo que obliga al trabajador en una situación de inferioridad a llevar adelante la discusión de inmediato. Esta reforma no presenta «ningún artículo» que beneficie al trabajador, lo que la convierte en un «retroceso histórico». Se discute sobre la peligrosidad de la continuidad laboral debido a nuevos parámetros de enfermedad que podrían llevar a quedarse sin trabajo en tres meses o a recibir solo el 75% del salario por un resfrío, lo que obliga a los empleados a ir a trabajar enfermos y pone en riesgo la salud colectiva.

La situación de la industria metalúrgica es particularmente desoladora. En la fábrica de televisores donde trabaja Dorner, de cuatro líneas productivas, solo una está operativa, y con personal reducido. Esto significa que la planta opera al «20% de su capacidad instalada», muy lejos de los «turnos de mañana, turno tarde y turno noche» que funcionaban hace cuatro años, antes de la «apertura de Macri» en 2015-2016. Durante ese período, fábricas que antes producían una variedad de bienes como MP3, MP4, depiladoras, afeitadoras, DVD, Blu-ray y equipos de audio, ahora «solamente hacemos televisores». El cierre de fábricas enteras, como las que producían computadoras para programas educativos, es un antecedente de la «terrible» situación actual para las familias de Tierra del Fuego.

Dorner también aborda la «despreocupación y la ignorancia» de gran parte de la población, que no dimensiona el cambio «de acá en adelante» que implica la nueva ley. Critica a quienes en el gobierno hablan desde un «desconocimiento absoluto» sobre las condiciones laborales y los derechos adquiridos. Pone como ejemplo la absurda afirmación de que los jóvenes quieren «35 días de corrido» o incluso «65 días de corrido de vacaciones», algo irreal para la mayoría de los trabajadores. La ley, que supuestamente era para incluir a los trabajadores de plataforma, «No incluimos a los de plataforma» es lo primero que se dice, lo que demuestra un discurso engañoso.

Un punto crucial es la crítica a los dirigentes sindicales, quienes, según Dorner, han tenido un «abandono de hace más de 20 años» dedicándose a cuidar su obra social y su cotización, dejando caer la base social. Esta situación ha llevado a que haya «más gente fuera del sistema que dentro del sistema», y esta gente, al no tener nada, «votó este gobierno».

Se lamenta la «estigmatización y la demonización» de los gremios y sindicalistas. La falta de acción de la CGT, contrastada con la paralización de la policía, es una muestra de que a los sindicatos «ciertamente le dan de comer» a la narrativa anti-sindical. Dorner enfatiza que muchos dirigentes sindicales «se han convertido en empresarios sindicales», y que la dirigencia sindical ha cometido «desastrosas elecciones políticas».

La ley, según Dorner, está «armado por abogado y está hecho y pensado para las para las empresas». No hay igualdad de condiciones para negociar entre la patronal y el obrero; por eso, «está el estado». Sin embargo, la «falta de representación» ha llevado a esta situación. Se percibe que la ley va dirigida a beneficiar al «monotributista» que quiere tener un empleado y cuya diferencia con este es corta, pero sus beneficios se extienden a quienes tienen una «gran diferencia» con sus empleados.

La «lógica del trabajo y la calidad del trabajo» han cambiado. La informalidad, con el auge de los trabajadores de aplicaciones, es una «pandemia que nos lleva todo al desastre». Se recuerda cómo antes se llenaban plazas para reclamar por ganancias, y ahora «no va nadie» porque la gente está lejos de esa discusión.

La situación salarial es preocupante. La entrevista preguntó: «¿Cómo cómo está la situación? ¿Se hicieron ecos allá?» Dorner respondió: «No, no, no. La noticia sí circuló muchísimo, generó preocupación este porque la noticia fue masiva, pero pero la policía no no manifestó intentos de de sumarse al reclame, pero están en más o menos en la misma situación, esto de del retroceso salarial y todo eso.» El promedio de sueldo en Ushuaia es de «un millón y medio», pero con grandes disparidades. La decisión de aumentar el sueldo a la policía que ingresa a «1.350.000 pesos» mientras se ofrece un aumento del 3%» al sector público, docente y de salud, que cobrarían «990.000 pesos», lleva a la pregunta: «¿cuál es el criterio?» La conclusión es que «luchar sirve» y que hay que «salir a la calle y hay que ir a buscar lo que es nuestro».

La situación de los trabajadores es de «extorsión», ya que se juega con la necesidad. El hecho de que la industria trabaje al 20% significa que hay un 80% de desempleo potencial, y si uno de ese 20% se enferma, hay otro esperando para tomar su lugar. Se está «jugando mucho con la necesidad», y lo preocupante es la «aceptación popular grande todavía».

Finalmente, sobre la votación de la ley en el Senado, la entrevista consultó: «¿cómo cómo votaron los los senadores? Eh, ¿tenés alguna idea los senadores ahí en de Usuaya?» Dorner explicó: «Tengo el voto de Coto. Coto levantó la mano. Eh los senadores los senadores representantes del peronismo de acá. No, no, no.» Es decir, el senador Coto de Ushuaia votó a favor, mientras que los senadores peronistas de la provincia votaron en contra. Dorner expresa su indignación con los «peronistas traidores» que votan en contra de los intereses de los trabajadores, recordando que este comportamiento se inició con Macri y continúa ahora. Argumenta que, si un diputado como Tronco declara que votará todo lo que diga el presidente, hay una «honestidad» en esa posición, y no se le puede reclamar. La verdadera molestia es con los «nuestros» que no acompañan y que, a pesar de sus acciones, «siguen bajo el escudo y la bandera del peronismo». La charla concluye con un llamado a la unidad y a la lucha para evitar que los lleven «puestos».

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