En una tarde cargada de expectativas y con el marco imponente del Estadio Brigadier Estanislao López, el mundo del ascenso argentino puso sus ojos en el duelo entre Colón de Santa Fe y Ferro Carril Oeste. El encuentro, correspondiente a la tercera fecha de la Primera Nacional, prometía emociones fuertes debido a la historia de ambas instituciones y la necesidad de sumar para prenderse en los puestos de vanguardia. Bajo un clima de puro fútbol, el Sabalero y el equipo de Caballito terminaron sellando una igualdad que dejó sensaciones encontradas en los protagonistas y en la multitud que colmó las tribunas santafesinas.
Desde el inicio, el equipo dirigido por Ezequiel Medrán intentó imponer condiciones. El técnico local decidió mantener la confianza en los mismos once jugadores que venían de un buen arranque, buscando consolidar un funcionamiento colectivo que permitiera lastimar a un rival siempre ordenado. Por su parte, el conjunto de Hugo Rondina llegó a Santa Fe con un planteo inteligente, apostando a la solidez defensiva y a transiciones rápidas que pudieran aprovechar los espacios concedidos por el local. El partido comenzó con un ritmo vertiginoso, donde la posesión del balón era disputada palmo a palmo en la zona media del campo de juego.

La primera gran emoción del encuentro llegó tras una jugada colectiva de Colón que derivó en un penal a favor del local. El árbitro del encuentro no dudó en señalar el punto fatídico ante una mano clara dentro del área de Ferro. La responsabilidad recayó en Alan Bonansea, el delantero que buscaba su gol para desatar la alegría de la hinchada. Sin embargo, en el arco de enfrente se encontraba la figura de Fernando Monetti. El experimentado arquero, apodado el Mono, demostró toda su jerarquía al adivinar la intención del ejecutor y tapar el remate, manteniendo el marcador en cero y silenciando momentáneamente el grito de gol santafesino.
Tras el penal fallado, el partido entró en una faceta de ida y vuelta constante. Ferro no se amedrentó y comenzó a generar peligro mediante las subidas de sus laterales y la movilidad de sus volantes. El primer tiempo finalizó con un empate sin goles, pero con la sensación de que cualquiera de los dos equipos podía romper la paridad en cualquier momento. Los entrenadores aprovecharon el descanso para ajustar piezas, sabiendo que el mínimo error podía ser determinante en el resultado final.

En el complemento, la balanza pareció inclinarse a favor de la visita. Apenas pasados los nueve minutos de la segunda mitad, una excelente jugada por las bandas terminó en un centro preciso que encontró a Matías Kabalin. El mediocampista de Ferro se anticipó a toda la defensa y, con un toque certero, mandó la pelota al fondo de la red para poner el uno a cero parcial. El gol de Kabalin fue un balde de agua fría para Colón, que se vio obligado a adelantar todas sus líneas en busca de la igualdad, quedando expuesto a los contraataques del equipo de Rondina.
La presión del Sabalero se volvió asfixiante con el correr de los minutos. Medrán movió el banco de suplentes buscando frescura y agresividad en los últimos metros. La insistencia tuvo su recompensa cerca de los veintisiete minutos del segundo tiempo. Tras una jugada con varios rebotes y una gran habilitación de Bonansea, apareció el juvenil Conrado Ibarra. El pibe, que había ingresado con determinación, definió de gran manera para poner el empate definitivo. El estadio explotó en un solo grito, reconociendo el esfuerzo de un equipo que nunca bajó los brazos a pesar de la adversidad.

Los minutos finales fueron de pura tensión. Colón buscó la victoria, por momentos con más corazón que fútbol, mientras que Ferro intentó aguantar los embates y salir rápido de contra. Monetti volvió a aparecer en un par de ocasiones clave para sostener el punto de su equipo, mientras que los defensores del local debieron esforzarse al máximo para evitar una nueva caída de su arco. El pitazo final del árbitro decretó el reparto de puntos, un resultado que, por el trámite del partido, termina siendo justo, aunque ambos se quedaron con ganas de festejar algo más.
Este empate deja a Colón con el desafío de mejorar la eficacia de cara al arco rival, especialmente en situaciones tan claras como un tiro penal. La capacidad de reacción mostrada tras estar en desventaja es un punto positivo para rescatar, al igual que la aparición de juveniles como Ibarra que piden pista en el primer equipo. Por el lado de Ferro, el balance es positivo al rescatar una unidad en una cancha siempre difícil, mostrando una identidad clara de juego y un orden táctico que le permitirá dar pelea a lo largo de este extenso campeonato de la Primera Nacional.
El camino hacia el ascenso es largo y tortuoso, y este tipo de partidos demuestran que no hay rival fácil en la categoría. La paridad física y técnica obliga a los equipos a estar concentrados los noventa minutos. Tanto el Sabalero como el equipo de Caballito saben que este es solo un paso más en una temporada que recién comienza y que demandará el máximo esfuerzo de cada integrante de sus planteles. La gente se retiró del estadio con la esperanza de que el equipo siga creciendo y con la certeza de que, en esta división, cada punto vale oro.


