
En el corazón de la ciudad de Santa Fe, surge una propuesta cultural que trasciende el simple baile y el color para convertirse en un estandarte de lucha. La Mueca del Rejunte, una murga con identidad propia, se define como un espacio donde el arte y la realidad social se entrelazan de manera indisoluble. A través de la voz de Gera Maranzana, integrante y referente de este colectivo, se devela la profundidad de un proyecto que utiliza el ritmo del Litoral y la tradición del bombo con platillo para alzar la voz frente a las injusticias.
La esencia de esta agrupación reside en su nombre. El concepto de rejunte no es azaroso; representa la unión de voluntades de distintos puntos de la ciudad y localidades vecinas como Rincón, Santo Tomé o los barrios del norte y sur santafesino. Personas que quizás no encontraban su lugar en otros ámbitos hallaron en esta murga una familia por elección. Este sentido de pertenencia es lo que ha permitido a la formación sostenerse durante ocho años, atravesando crisis económicas, cambios políticos y hasta una pandemia, consolidándose como una verdadera institución alternativa.
«La Mueca del Rejunte es una murga de estilo… a ver, es de estilo litoraleña porque bueno, crecemos acá en Santa Fe, entonces tomamos mucho de la raíz de Santa Fe de los estilos propios santafesinos: cumbia, candombe y todo, ¿no? Pero es un estilo de murga que viene con un poco de orígenes de Buenos Aires, ¿no? Esto del bombo con platillo. Entonces es una murga que le decimos litoraleña porque adopta su propio estilo a las tierras donde nació. Somos esto, ¿no? Una murga litoraleña con mucho baile, con mucho circo… tenemos una particularidad: que creamos canciones con críticas a modo de protesta, a modo de resistencia a los diferentes procesos que nos pasan en la sociedad y en la vida cotidiana de los integrantes.» Gera Maranzana
Para sus integrantes, la murga es mucho más que una disciplina artística. Es un ejercicio de militancia territorial sin banderas partidarias, pero con una carga política profunda en términos de derechos humanos. Gera Maranzana destaca que el espacio funciona como un refugio de resistencia ante la tristeza o la alienación que muchas veces propone la rutina laboral y las preocupaciones económicas. En el ensayo, que tiene lugar en la explanada del Molino, el tiempo se detiene para dar paso a la construcción colectiva.
Uno de los pilares fundamentales de La Mueca del Rejunte es la crítica social. A diferencia de otras expresiones de entretenimiento vacío, aquí las canciones nacen de la observación de la vida cotidiana y de los procesos sociales que atraviesan a sus miembros. La murga se convierte en una escenografía de lucha donde se pone en palabras aquello que molesta, que duele o que necesita ser cambiado. Esta capacidad de transformar la queja en poesía popular es lo que les da su identidad característica de estilo litoraleño, fusionando la cumbia y el candombe con la protesta porteña original.
La participación de las mujeres y las disidencias ha cobrado un rol protagónico en los últimos tiempos. Maranzana relata con orgullo cómo las mujeres de la murga han tomado el poder en las calles, interviniendo activamente en fechas emblemáticas como el ocho de marzo. Esta perspectiva de género se suma a la integración de infancias, adolescentes y adultos mayores, creando un ambiente intergeneracional donde se transmiten valores de respeto y solidaridad. La murga es, en definitiva, un tejido de redes que sostiene a quienes la integran.
La memoria es otro de los ejes que atraviesa el discurso de La Mueca del Rejunte. Existe una conciencia clara de que el carnaval ha sido históricamente un espacio de libertad que muchas veces intentó ser borrado de la historia oficial. Por ello, reivindican la fecha no solo como un festejo, sino como un acto de justicia hacia las raíces culturales del pueblo. La conexión con fechas como el veinticuatro de marzo refuerza este compromiso con la verdad y la memoria histórica, entendiendo que el arte es un vehículo fundamental para que las nuevas generaciones conozcan su pasado.
El proyecto musical de la agrupación sigue creciendo. Actualmente, se encuentran enfocados en la producción de su propio material discográfico, buscando que sus canciones de crítica lleguen a cada radio y a cada compañero. El deseo de colaborar con otros artistas y de expandir su mensaje es una muestra de la vitalidad de una organización que no se conforma con los límites del barrio. La autogestión es su motor; desde coser los trajes y banderas hasta organizar sus propios eventos, cada detalle es fruto del esfuerzo comunitario.
En tiempos de aislamiento y virtualidad, espacios como este se vuelven vitales. La invitación a «rejuntarse» es una invitación a salir del individualismo para construir algo más grande. La Mueca del Rejunte demuestra que la alegría puede ser rebelde y que un grupo de personas con un bombo y muchas ganas de decir su verdad pueden generar transformaciones reales en su entorno. El arte, cuando tiene contenido y compromiso, deja de ser mero espectáculo para convertirse en una herramienta de transformación social y esperanza.
La historia de esta murga es un recordatorio de que la cultura popular nace en las veredas y se fortalece en el encuentro con el otro. Mientras haya injusticias que señalar y sueños que compartir, habrá murgas como la de Santa Fe dispuestas a convertir el ruido en melodía y la protesta en un baile interminable. La identidad santafesina se nutre de este rejunte de almas que, entre el brillo de las lentejuelas y el retumbar del parche, siguen escribiendo la historia de una ciudad que se niega a callar.


